El indicador correcto desde el primer día
OEE, OTIF, utilización o margen por pedido no son términos intercambiables. Empezar con la métrica que de verdad gobierna el sector ahorra las dos primeras semanas de cualquier proyecto.
El dato solo significa algo dentro de un proceso. Por eso trabajamos por vertical: empezamos por los sectores donde sabemos qué se mide, con qué sistemas se opera y en qué punto concreto se pierde el margen.
La diferencia entre una consultora que entiende su sector y una que no se ve en cuánto tarda en hacer la pregunta correcta. Estas son las cuatro razones por las que verticalizamos el trabajo en lugar de vender el mismo proyecto a todo el mundo.
OEE, OTIF, utilización o margen por pedido no son términos intercambiables. Empezar con la métrica que de verdad gobierna el sector ahorra las dos primeras semanas de cualquier proyecto.
ERP, MES, TMS, SGA, PIM, CRM y las hojas de cálculo que sostienen lo que ninguno de ellos cubre. Conocer qué guarda cada sistema —y qué no— evita descubrirlo a mitad de la implantación.
Definiciones de KPI, modelos de datos y flujos ya construidos para problemas equivalentes. No se factura dos veces el mismo aprendizaje: acorta el plazo hasta la primera entrega útil.
Llegamos con una idea concreta y contrastable de dónde está la fuga, no con un catálogo de servicios. Si en la conversación se demuestra que no la hay, se lo diremos.
Cada ficha recoge los síntomas que encontramos con más frecuencia, los casos de uso por los que solemos entrar y los indicadores sobre los que se mide el trabajo.
Plantas que producen bien pero deciden tarde: el dato existe en el ERP, el MES y en media docena de hojas de cálculo, pero nadie lo ve junto. Conectamos producción, coste y compras para que dirección decida con la planta en tiempo presente.
Vender por varios canales multiplica los sistemas, no la visibilidad: cada plataforma da su cifra y ninguna cuadra con contabilidad. Unificamos catálogo, stock y margen para que sepan qué vender, dónde y a qué precio.
Consultoras, ingenierías, despachos y agencias que venden tiempo experto y descubren el margen cuando el proyecto ya está cerrado. Conectamos pipeline, horas y facturación para que la rentabilidad se vea mientras aún se puede corregir.
Operadores y distribuidores que compiten por nivel de servicio y lo defienden con informes montados a mano. Instrumentamos servicio, coste e incidencias para negociar con datos y no con la sensación de la última semana.
Estos cuatro sectores son la apuesta inicial de BGS Data: aquellos donde la combinación de dolor claro, dato disponible y proyecto repetible nos parece más sólida. Es una decisión de prioridad, no una declaración de exclusividad, y se revisará con la tracción real de los primeros proyectos.
El método —diagnóstico, integración, automatización y medición— no depende del sector. Si opera en otro, la conversación empieza igual: por su proceso y por lo que hoy no puede medir.
La vertical define el problema y el vocabulario. Lo que se implanta después sale siempre de estas cuatro líneas de trabajo.
Que la dirección decida con un único número válido para toda la compañía.
Ver capacidad →Menos horas manuales, menos errores y una operación que no depende de personas concretas.
Ver capacidad →Un proceso comercial y operativo que se sostiene en sistemas conectados, no en criterio individual.
Ver capacidad →Convertir capacidades digitales en pipeline medible y en crecimiento repetible.
Ver capacidad →Media hora de conversación basta para saber si hay un caso que merezca la pena y por dónde empezaría. Si no lo hay, también se lo diremos.