Catálogo y stock unificados
Un maestro único de producto y una capa de disponibilidad que sincroniza ERP, tienda y marketplaces con reglas propias por canal: stock de seguridad, reservas y prioridad de venta según margen o rotación.
Vender por varios canales multiplica los sistemas, no la visibilidad: cada plataforma da su cifra y ninguna cuadra con contabilidad. Unificamos catálogo, stock y margen para que sepan qué vender, dónde y a qué precio.
No es una lista de venta: son los síntomas que se repiten en el sector. Si reconoce tres o más en su operación, el problema ya tiene un coste, aunque todavía no aparezca en ninguna partida del presupuesto.
El stock de la tienda online y el del punto de venta divergen: se vende lo que no hay y se oculta lo que sí está disponible.
Web, marketplaces y tienda física dan tres cifras de venta distintas y ninguna coincide con la de contabilidad.
La ficha de producto se mantiene tres veces porque no existe un catálogo maestro del que beban todos los canales.
El coste de captación se mira en el panel de anuncios, nunca contra el margen real del pedido después de envío y devolución.
Las devoluciones e incidencias de reparto se gestionan por correo, sin causa registrada ni coste imputado a nadie.
Las promociones se deciden por intuición porque la rotación y el margen por referencia no están a mano cuando hay que decidir.
Ninguno de estos supuestos se da por bueno. Se contrastan con sus datos reales durante las primeras semanas del diagnóstico, y los que no se sostengan se descartan.
Puntos de entrada habituales en el sector. Se priorizan por impacto económico y por esfuerzo de implantación, no por preferencia tecnológica.
Un maestro único de producto y una capa de disponibilidad que sincroniza ERP, tienda y marketplaces con reglas propias por canal: stock de seguridad, reservas y prioridad de venta según margen o rotación.
Margen después de coste de producto, portes, embalaje, devolución, comisión de marketplace y publicidad atribuida, para ver qué combinaciones de canal y catálogo aportan y cuáles compran facturación cara.
Clasificación de los correos y formularios entrantes por tipo —estado de pedido, devolución, incidencia, facturación—, respuesta automática de lo repetitivo con datos del sistema y escalado a una persona con el contexto ya reunido.
Modelo de recurrencia y valor —RFM, primera y segunda compra, riesgo de fuga— conectado a las herramientas de email y campañas para que la segmentación se actualice sola, no en un export mensual.
Programa de pruebas sobre ficha, buscador, carrito y checkout, midiendo el efecto en margen y no solo en tasa de conversión, con criterio de decisión fijado antes de lanzar cada test.
Son los indicadores que solemos instrumentar en el sector. Ninguno es una cifra de cliente ni un resultado conseguido.
Cada indicador se define por escrito —fórmula, fuente, frecuencia y responsable— y se mide sobre su línea base antes de intervenir. Sirven para dirigir el trabajo y para saber si ha funcionado, no como compromiso de resultado firmado de antemano.
| Indicador | Qué mide | Naturaleza |
|---|---|---|
| Margen/pedido | Contribución real por pedido tras producto, logística, devolución, comisión y publicidad. | referencia sectorial |
| Rotura de stock | Referencias sin disponibilidad publicada frente a existencias reales en almacén o tienda. | referencia sectorial |
| Rotación | Velocidad de salida por referencia y familia, base para compra, precio y promoción. | referencia sectorial |
| LTV/CAC | Relación entre valor del cliente y coste de captación, leída por canal y por cohorte. | referencia sectorial |
La vertical define el problema y el vocabulario; el trabajo se ejecuta con estas líneas, combinadas según lo que muestre el diagnóstico.
Que la dirección decida con un único número válido para toda la compañía.
Integramos sus fuentes, definimos los KPIs que de verdad gobiernan el negocio y entregamos un cuadro de mando ejecutivo con datos trazables. De información fragmentada a decisiones documentadas.
Ver capacidad →Menos horas manuales, menos errores y una operación que no depende de personas concretas.
Identificamos qué procesos merece la pena automatizar, los valoramos en euros y los implantamos con IA cuando aporta y con integración clásica cuando basta. Cada automatización llega con su caso económico.
Ver capacidad →Un proceso comercial y operativo que se sostiene en sistemas conectados, no en criterio individual.
Ordenamos CRM, ERP y ecommerce alrededor del proceso real de la compañía: etapas con criterios, datos de cliente únicos, integraciones que evitan la doble captura y un forecast en el que se puede confiar.
Ver capacidad →Convertir capacidades digitales en pipeline medible y en crecimiento repetible.
Diagnosticamos el funnel completo, cuantificamos dónde se pierde la demanda y montamos un sistema de experimentación con medición conectada al CRM. Crecimiento gobernado por hipótesis y datos, no por intuición.
Ver capacidad →El retail multicanal acumula pilas tecnológicas por sedimentación: un ERP que llegó primero, una tienda online que creció aparte, uno o dos marketplaces con sus propias reglas, un TPV en tienda, la plataforma de email y las cuentas de publicidad. Cada pieza funciona. El conjunto no informa.
La consecuencia práctica es que las decisiones más caras del negocio —qué comprar, a qué precio vender, qué promocionar, dónde invertir en captación— se toman con la cifra que da la herramienta que se tenga abierta en ese momento. Y esa cifra casi nunca incluye el coste completo del pedido, así que se confunde facturación con margen.
Lo primero que cambia suele ser el stock. Con un catálogo maestro y una capa de disponibilidad compartida, la web deja de vender lo que no hay y de esconder lo que sí está en tienda. Es un cambio poco vistoso que arrastra a la vez la conversión, las incidencias de postventa y la carga de atención al cliente.
Lo segundo es la lectura de margen. Cuando el coste de envío, la devolución, la comisión del marketplace y la publicidad atribuida bajan al nivel de pedido, aparecen dos cosas incómodas y útiles: referencias que se venden mucho y aportan poco, y canales que parecían rentables porque solo se miraba el ROAS. A partir de ahí, el surtido, el precio y la inversión en captación se discuten con la misma tabla delante.
Lo tercero es la operación: la postventa repetitiva se automatiza con los datos del propio sistema y el equipo se queda con las conversaciones que exigen criterio. La experimentación de conversión llega al final, cuando ya hay una métrica limpia con la que decidir si un test ha funcionado.
El punto de entrada natural es un diagnóstico de datos y funnel: mapa de sistemas y fuentes, fugas del embudo por canal y dispositivo, y coste completo del pedido reconstruido para un periodo reciente. En dos o tres semanas se sabe qué se está perdiendo por rotura de stock, qué margen absorbe la logística inversa y qué parte de la carga de atención es automatizable.
Después, lo habitual es un cuadro de mando comercial con margen por canal y referencia, y en paralelo la unificación del catálogo si el diagnóstico ha demostrado que ahí está la fuga mayor. Los indicadores de esta página son de referencia sectorial: se fijan sobre su línea base real antes de intervenir y sirven para dirigir las prioridades, no como compromiso de resultado.
Preferimos decirlo antes que rellenar la página. Los escenarios de referencia publicados corresponden a otros verticales, pero el método —problema, arquitectura, resultados y medición— es el mismo que aplicaríamos aquí.
Media hora de conversación basta para contrastar si el problema existe, cuánto cuesta y por dónde empezaría. Sin propuesta comercial en la primera conversación.